Punta Canoa: Donde el mar dicta la vida

La vida en el mar de Punta Canoa: Una charla con Luis Miguel Rodríguez

-Luis Miguel Rodríguez es uno de los pescadores tradicionales de Punta Canoa. En esta conversación, nos relata cómo ha evolucionado la pesca, los secretos del clima, los sustos en el oficio y el profundo orgullo de vivir de cara al mar.

¿Cómo fueron tus inicios en la pesca?
Empecé cuando tenía más o menos unos 17 años. Aprendí por mi papá, porque yo me iba detrás de él mirándolo. Comenzamos primero con un bote de madera a remo (canalete), y después él compró una lanchita. Viendo y acompañándolo fue que aprendí a pescar de todo un poco: la langosta, la sierra, el robalo… de todo un poquito.

¿Cómo es un día normal de trabajo para ustedes hoy en día?
Si el tiempo lo permite, salimos toda la semana y dejamos el domingo para el descanso. Nos levantamos a las 4:30 de la mañana y ya a las 5:00 o 5:30 estamos saliendo del puerto. Regresamos tipo 8:00 o 9:00 de la mañana. Para pasar las horas en el mar nos llevamos nuestra gaseosa, Pony Malta, un pancito, abundante agua y su buen hielo.

El mar es hermoso, pero también tiene sus peligros.

El mar es hermoso, pero también tiene sus peligros.

Luis Miguel Rodríguez

¿Cuál ha sido tu peor experiencia?
Cuando el mar está picado y tiene olas muy grandes, es peligroso; si uno no sabe manejarse con las maretas, puede tener un accidente. El peor día que pasé fue pescando la ronsen (la ronsa): una lancha de cuatro motores de la Base Naval nos pasó por encima. Ese día sentimos mucho miedo.

En el trabajo diario, lo más difícil es el palambre. Es una línea de pesca con varios anzuelos enganchados que se saca a mano, y es muy peligroso porque si te jala un pez grande, te puede fregar la mano.

¿Cómo influye el clima en la faena? ¿Es verdad que la lluvia ahuyenta a los peces?
Al contrario, la brisa es la que daña todo, especialmente la que viene del norte. Mayo, por ejemplo, es un mes de mucha brisa y es difícil. Pero la lluvia es mucho mejor; cuando llueve, sale más pescado y se arrima más a la tierra.

Hoy en día nos ayudamos mucho con la tecnología. Por internet tenemos aplicaciones que nos muestran si viene brisa o cómo viene el mar, y estamos atentos a lo que reporta Guardacostas de Cartagena. En Punta Canoa hemos avanzado mucho en eso.

¿Ha cambiado mucho la pesca desde que eras joven?
Sí, ahora la pesca está muy difícil, mucho más que antes. Antes uno iba ahí mismo cerca y cogía tanto pescado que se tenía que regresar porque ya no cabía en la canoa. Ahora no; pasas todo el día y cuesta trabajo. Toca tener redes especiales. Nosotros manejamos cuatro o cinco clases de armamentos: redes para el robalo o el sábalo, aparejos para la sierra y trasmallos para la langosta. La langosta es la mejor pesca, la más fina y la más cara, pero es difícil que uno no venga blanqueado (sin nada). Aquí en Punta Canoa, alrededor de todo el pueblo, afortunadamente hay langosta.

¿Qué significa el mar para ti, a nivel personal?
Yo no vivo cien por ciento de esto, tengo otros trabajos, pero la pesca me encanta. Lo hago con el corazón. Estar en el mar a la hora del amanecer o el atardecer es algo muy bonito. Si no existiera el mar, nos sentiríamos como la gente de los pueblos del interior, pero nosotros nos sentimos felices y orgullosos de tener este mar inmenso aquí mismo, cerquita de nosotros.

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