Del mar a tu mesa: La verdad que nadie te contó sobre el camarón

Reynaldo Aguilar, pescador tradicional de Punta Canoa

Para el ojo inexperto, todos los camarones que salen del manglar o de la ciénaga son iguales. Los ven en el plato, rosaditos y sabrosos, pero pocos se detienen a mirar la ciencia que hay detrás de cada uno.

En Punta Canoa, los pescadores no solo tiramos la red por tirar; nosotros conocemos el mar y el manglar al derecho y al revés. Hoy quiero compartirles un par de secretos que guardamos en los botes y que nos sirven para entender la vida de estos animalitos.

Una lección de biología en el bote: ¿Macho o hembra?
Cuando estamos en la faena entresacando la captura, lo primero que uno aprende es a distinguir el sexo del camarón. No es por capricho, es pura observación. ¿Saben cómo se conoce si es macho o hembra? La clave está en las paticas de atrás y en el tamaño:

La hembra: Por lo general, la hembra siempre es más grande que el macho. Si le miran las últimas dos patas, van a ver que las tiene separadas, no están unidas.

-Reinaldo Aguilar

El macho: El macho suele ser más pequeño. La diferencia clarita es que él sí tiene las últimas dos patas unidas, bien pegaditas abajo.

Además, la forma en que crían es muy bonita y diferente a la de los cangrejos. El camarón no lleva los huevos abajo en el caparazón; la hembra desova y cría a sus hijos aquí mismo por el pecho. Cuando una hembra está enhuevada, se le alcanza a ver una marca oscura, una sombra clarita en el pecho que nos avisa que está cargada.

El camarón criollo (Miti) frente al camarón de piscina (Vanamei)
Aquí en nuestras aguas, el que más se coge es el camarón Miti, que es el puro criollo de nosotros. Físicamente uno lo distingue enseguida por el largo del «pelo» (las antenas). El criollo tiene el pelo mucho más largo y su color tira a ser más rosadito, más sabroso.

Por otro lado está el Banamé (camarón Vanamei), que es el que tiran más que todo para la exportación en las piscinas comerciales. El Banamé es un camarón más blanco y, aunque crece un poco menos que el nuestro, es mucho más resistente. Para que se hagan una idea: en una piscina donde te caben dos toneladas de Miti, puedes echar hasta cuatro toneladas de Banamé porque aguanta más el encierro.

Anteriormente, la gente de la región empezó a montar sus propias piscinas y a entresacar los padrotes para criar aquí mismo. Así nos ahorramos la necesidad de estar viajando hasta Tumaco a buscar la larva, pagando aviones y fletes costosos. Todo eso lo aprendimos manejando el producto en nuestra propia tierra.

Preservar el saber del manglar
La pesca en Punta Canoa es el sustento de muchas familias, pero también es nuestra historia. Cuidar el manglar significa asegurar que el camarón criollo siga teniendo su casa.

La próxima vez que nos visiten en Costa Viva y disfruten de unos buenos camarones, acuérdense de mirarle las paticas. ¡Ya saben cómo descubrir si lo que tienen en el plato es un macho o una hembra!

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